Vaticano II - (9) - Abrir las ventanas de la Iglesia



“Pronuncio ante ustedes, cierto, temblando un poco de conmoción, pero al mismo tiempo con humilde resolución de propósito, el nombre y la propuesta de la doble celebración de un sínodo diocesano para la Urbe y de un concilio ecuménico para la iglesia universal”.






Viñeta del Blog del Hermano Cortés


El papa y beato Juan XXIII durante la celebración de la fiesta de la Conversión de San Pablo el 25 de enero de 1959 anunció su intención de convocar un concilio ecuménico presentando la iniciativa como algo absolutamente personal:

“Pronuncio ante ustedes, cierto, temblando un poco de conmoción, pero al mismo tiempo con humilde resolución de propósito, el nombre y la propuesta de la doble celebración de un sínodo diocesano para la Urbe y de un concilio ecuménico para la iglesia universal”.

Los cardenales reaccionaron con un “impresionante y devoto silencio”. El anuncio causó una gran sorpresa en todos, teniendo en cuenta que no pasaban tres meses desde la elección de Juan XXIII en el cónclave de octubre de 1958, que lo había elegido como un Papa considerado extraoficialmente "de transición". Los medios de comunicación, a excepción de L'Osservatore Romano, dieron gran eco a la noticia subrayando diversos elementos del discurso del Papa.

En sus discursos posteriores, el Papa fue poco a poco delineando los objetivos del concilio y recalcando especialmente que se trata de un concilio pastoral y ecuménico. Una de sus expresiones más conocidas fue aquella que, preguntado por los motivos, declaró al mismo tiempo que abría una ventana: 

“Quiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia afuera y los fieles puedan ver hacia el interior”.



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