Los Santos, Patrimonio de Humanidad, representan lo mejor de ser humano.



Celebraremos en estos días la Fiesta de Todos los Santos. Es una referencia importante para los cristianos por tres motivos. Por la solidaridad que implica, porque nos recuerda la llamada evangélica a la Santidad y porque esta fiesta hace Iglesia. Los Santos, que celebramos en esta fiesta deben ser una llamada a explorar y ensayar con generosidad nuevos caminos desde el evangelio para responder en nuestro mundo a la llamada a la plenitud humana a la que todos en Cristo estamos llamados.



La Solidaridad que revela la Fiesta de Todos los Santos nos hace recordar y traer a la memoria a tantos y tantas santas y santos a los que podemos poner nombre y que son referentes para nosotros. Unos famosos o canonizados o populares y otros en la sencillez de una vida entregada sin ruido a los suyos y a los demás, al mundo y a todos con una sencillez que despierta nuestro anhelo de imitarles.
Un sinnúmero de personas que han pasado por la vida haciendo el bien, dando testimonio de su fe, haciendo de su vida un reto permanente y diario por ir generando aquí, entre nosotros la Gran Fraternidad de los Hijos de Dios.
Esto les hace cercanos a nosotros, solidarios de nuestras mediocridades y desafíos, de nuestra normalidad y la cotidianeidad en la que se desenvuelve nuestra existencia.
Estos santos discretos, los anónimos que no tienen “día del santo”, ni estampa, ni son popularmente milagrosos,… son los que celebramos este hermoso día de Todos los Santos. A esas personas que han llevado esa vida de honradez, de solidaridad, de buena convivencia, que han buscado hacer la voluntad de Dios y vivir los valores del evangelio, es a quienes, junto con todos los demás, celebramos este día.


La Fiesta de Todos los Santos nos recuerda que Jesús nos llama a todos a la Santidad y, como modelo y referencia, como tendencia y aspiración, como anhelo e inspiración nos revela el corazón de Dios apuntándonos “Sed santos, como vuestro Padre Celestial es Santo”.
Y en ese afán revelador de Jesús, de mostrarnos el corazón de Dios, nos regala las Bienaventuranzas para iluminar el camino, como un test en el que poder contrastar nuestra coherencia y nuestra tensión, en el que valorar el camino andado y preparar nuestra hoja de ruta (pobre, manso, limpio de corazón, pacífico,…).




La Fiesta de Todos los Santos, por último, hace visible la Iglesia y lo que está llamada a ser, “santa”, porque santa la hace su Señor, su Cabeza que es Cristo que nos santifica en la comunión con Él que es posible en la Iglesia.
Una Iglesia que es un pueblo de hermanos y en los santos reconoce el orgullo de la fraternidad y se ve en el espejo de su vida y resplandece en sus vidas.
Y la Iglesia recoge ese Patrimonio de Humanidad de quienes nos han precedido en el camino del Evangelio y valora su legado y lo pone al servicio de los hombres de hoy en las Tradiciones, las Órdenes con sus carismas, los movimientos con sus estilos, la generosidad que se perpetúa,… y todo esa humanidad digna y lúcida que representan lo mejor de “ser humano” es un tesoro que nos alimenta y orienta y que nos interpela para inventar nuevas formas y estilos, una nueva comunicación y una solidaridad que responda a las necesidades de nuestro mundo, una nueva espiritualidad que llegue al corazón del hombre de hoy,…





El Camino de la Santidad que ya han andado los santos y es el mismo para nosotros, el que nos señaló Jesús, son las Bienaventuranzas

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