La Corona de Adviento



Viene de una tradición cristiana muy antigua, y tiene símbolos que nos recuerdan la historia de la Navidad y su misterio.

La Corona de Adviento



Se trata de un círculo, (de alambre, metal o fibra, da igual) en el que ponemos cuatro velas y en el centro del círculo ponemos una quinta vela.

El círculo, que no tiene ni principio ni fin, representa la eternidad y la infinidad de Dios.

Ese círculo se cubre con ramas u hojas perennes para simbolizar la vida eterna y la naturaleza creada por Dios.

Las velas representan el poder de Jesucristo, la luz del mundo.

La quinta vela en el centro se llama la vela de Cristo.

Tenemos la costumbre de prender una vela cada Domingo de Adviento en las Eucaristías que celebramos en la parroquia: el primer domingo prendemos una, el segundo domingo prendemos otra vez la misma vela y una más, el tercer domingo prendemos las dos ya prendidas y una tercera, y el cuarto domingo prendemos las cuatro.
Al finalizar el Adviento las velas quedan a diferente altura y en la Nochebuena prendemos la quinta vela para Cristo.

A imagen de esa Corona, cuyo centro es la vela de Cristo, los cristianos en la cena de Nochebuena y la comida de Navidad encendemos una vela en la mesa para simbolizar que hacemos presente a Cristo en medio de nuestro hogar, nuestra voluntad de que su Luz forme parte de nuestra cotidianidad y lo extraordinario como la celebración que estamos festejando. Esa luz, en medio de nuestra mesa es un símbolo hacia fuera, hacia el mundo que deseamos sea iluminado por la luz de Cristo. Al igual que la Corona de Adviento, es una señal en medio de nuestra comunidad, de nuestro hogar, que nos invita a estar alerta, con las lámparas encendidas, tener los ojos abiertos para descubrir las llamadas de Dios que clama en nuestros hermanos, en las situaciones de injusticia, allí donde la dignidad del hombre reclama nuestro apoyo,…


Deja que la luz de la Corona sea una señal, un signo de adviento. Deja que la luz en medio de nuestro hogar haga significativo a Cristo que es Dios hecho hombre en medio de nuestro hogar. Y contemplemos la luz que nos ilumina y nos hace descubrir la presencia de Dios en medio de nosotros.





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