Proclama mi alma la grandeza del Señor...



María es la figura, la imagen, el icono del Adviento. En ella, en su “Sí”, en su “Hágase” se despliega el coraje, la escucha, el riesgo, el compromiso, la aceptación,… Os proponemos contemplar a María y su canto del Magníficat enmarcado en su “Sí”. Contemplar mirando a los ojos es la mejor escuela, en esa mirada quedamos transformados en los ojos que miramos.

 











 
Dios propone a María un proyecto inconcebible, alumbrar la esperanza, engendrar al Mesías, al Hijo de Dios, mostrar en su sencillez la grandeza de Dios.

Y María responde a la invitación de Dios con su “Hágase” y a partir del “Sí” de María se desencadena y se pone en marcha el sueño de Dios, su gran proyecto.

María se arriesgaba a ser repudiada, abandonada, juzgada, incomprendida, condenada,…

Su atrevimiento, su valentía, es un modelo para nosotros, es un ejemplo y una provocación porque, como María estamos llamados a participar en el gran proyecto de Dios.

El proyecto, el de Dios, el de María, el nuestro,… es el que canta María en el Magníficat: Dios escribe páginas imborrables en la Historia, en nuestra Historia y nosotros, desde nuestra libertad, en respuesta a la invitación de Dios, queremos escribir las páginas de la Historia de Dios, del que hace proezas, eleva, sostiene, derriba, colma,… auxilia a su Pueblo.

Con María estamos llamados a cantar en nuestra vida el Magníficat, a ser en nuestros gestos un reflejo de la manera con la que Dios acaricia al mundo y del estilo con el que da la vuelta a la historia.

 


 

 

 

 


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